Cuando un suelo es fértil casi no requiere abono, pero con el fin de obtener una cosecha generosa un año tras otro sí que es necesario abonarlo, ya que las plantas extraen los nutrientes que necesitan para crecer, y se empobrece el suelo.
Una tierra bien abonada se vuelve esponjosa, retiene la humedad y precisa poco esfuerzo para ser trabajada.
Las plantas toman los componentes básicos para su nutrición: carbono, nitrógeno, oxígeno, además de otros bioelementos.
En la naturaleza, estos elementos se recuperan con la descomposición de materia orgánica vegetal y animal, pero en el caso de cultivos es necesario añadirlos.
Los abonos pueden ser orgánicos o inorgánicos.
El abono natural más antiguo son los excrementos de murciélagos y de aves marinas secados al sol, el llamado guano.
El vermicompost es el abono orgánico procedente de la digestión de la lombriz a partir de materia orgánica.
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